La descubrí buscando una manera digital de hacer fotografía lomográfica. Durante un par de años la llevé cada día en el bolsillo. Escondida en la palma de la mano, nadie se daba cuenta de que hacía fotos.
Apagué la vista previa y la usé como una extensión de la mano: imaginar la composición y disparar. A veces, una gran sorpresa; a veces, una decepción, al pasar las imágenes de la tarjeta al ordenador. Pero entre muchas fotos normales siempre aparecía alguna joya.
Nada de alta resolución ni de perfección: esta cámara recupera la fascinación de las fotos y las películas antiguas, imperfectas.
- Sin recortes
- Sin filtros
- Sin corregir el color


